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martes, 26 de abril de 2011

De Cigüeñas

El otro día pasé por Sancho Rey (en bicicleta- mala idea, el camino es un barrizal y tuve que abandonarla cerca del principio y seguir a pie) para ver cómo estaban las cigüenas. Me imagino que los dueños de la finca preferirían que no se anunciase el sitio, ni se animase a la gente a visitarlo (postura que comprendo perfectamente, ya que la gente es un coñazo y puede perjudicar la vida y la productividad del cortijo) pero es un camino público y en esta época merece la pena verlo.

Sancho Rey significa cigüeñas. Antes significaba también toros, caballos, y algún otro bicho. (El año pasado vi cerca de allí, por el río, una manada de guarros.) Y todavía se ven y se oyen muchos pajarillos e insectos, si se va con tranquilidad y se presta atención, pero lo que importan realmente son las cigüeñas. Hay muchas este año, cada árbol, cada punto donde se puede agarrar un nido está cogido, hay crías difícilmente visibles, parejas turnándose para recoger comida y hierba y palotes. Posan en el mismo camino, o el los bordes de los sembrados, levantan el vuelo y cruzan el cielo, a ras de las copas de los arboles, planeando hasta frenarse en el aire, plegar las alas y aterrizar con sorprendente gracia en el árbol que es su casa. Merece la pena el paseo.

domingo, 17 de octubre de 2010

De Castillos y Lagunas en Caracuel

Un domingo agradable, soleado, con poco viento, sin nubes ni nada que impida disfrutar del campo. He ido con la bicicleta a Caracuel y Corral, en gran parte por los caminos que cruzan el paisaje por allí. No subí al castillo, sigo sin saber si merece la pena acercarse, porque tenía el tiempo limitado y preferí ver el lago. Estaba atestado de aves- vi garzas y garcillas, un lagunero, gallinulas, fochas, y aptos de muchos tipos. Muchas más que en el Vicario o Gasset. ¿Por qué será? ¿Una casualidad, por el momento en el que pasé? ¿Al tener el agua una profundidad escasa, hay menos oleaje y los insectos y otros seres nutrientes se acercan más a la superficie, facilitando así su captura? ¿Se está bien sentado en el agua, al sol, sin depredadores, un domingo por la mañana?

No lo sé. Alguien sí lo sabrá, y me gustaría saberlo. En todo caso, merece la pena acercarse a contemplarlo. El sol y el agua son vida.

Por cierto, la foto no es de la laguna de Caracuel. Problemas técnicos con la cámara.

domingo, 12 de septiembre de 2010

La Vuelta al Mundo



Estamos de nuevo en Ciudad Real, y la verdad, no la veo nada diferent. Al volver de vacaciones- y las mías son largas- lo normal es que llamen la atención ciertas cosas. Alguna obra, una tienda nueva en el centro, cambios de moda en la ropa de las mujeres, otro ambiente, otros temas de conversación, producto de lo que ha pasado aquí en estos dos meses, o simplemente porque la televisión tiene una nueva obsesión.

Lo normal es sentir una desconexión, una sensación de no saber qué es importante, qué es lo que forma las ideas y el sentir de la gente, qué les motiva; y no lo noto este año. Me siento compenetrado, al día. ¿Será que no ha pasado nada este verano, ni en CR ni en el mundo? O ¿puede ser por la superficialidad de mi contacto con el mundo en los pocos días que llevo aquí? Es decir, que no he hecho mucho caso a los que me rodean. Sí, puede ser.

Esto no tiene importancia ninguna, por supuesto. Salvo que, a la hora de escribir aquí, no tengo ningún tema obvio a tratar. Así que seguiré pensando, y mientras tanato, comparto unas fotos de Las Lagunas de Ruidera donde, francamente, preferiría estar aún.

martes, 20 de julio de 2010

Vacaciones por San Vicente

Me gusta Cantabria y todo el litoral, desde Hondarribia a Finisterre, y la cordillera, con sus pueblos y sus montes, y sus pequeños puertos pesqueros con sus colores, y su verde, sobre todo su verde.

La Mancha, al margen de sus muchos méritos, es un secarral, y cuando se acerca el verano la sensación física de ahogarse acrecienta. Todo se quema, el paisaje se torna amarillo y marrón, y el aire se reseca y asfixia.

Así que en verano nos vamos al norte, este año a San Vicente de la Barquera, bonito pueblo, antaño pesquero, ahora más turístico que otra cosa. Aun así, hay bastantes barcos en la bahía, y no son todos de placer.

Lo llama bonito, y lo es. De hecho fui allí la primera vez porque lo había visto con cierta frecuencia desde la vieja carretera, por la que uno se acerca en bajada, y de repente ve el puente que tiene que cruzar, el colorido de las múltiples y variopintas embarcaciones, y al fondo los portales del centro y el castillo y la iglesia en lo alto. Esta vista se me quedó en el recuerdo y por eso hemos ido a San Vicente.

Pasearse por el puerto, subir al castillo y el pueblo antiguo, contemplar las vistas que ofrecen las murallas de toda la ría, y cenar en el Boga Boga (marisco fresquísimo y exquisito, y algo más barato que antes), son cosas obvias que hará cualquiera que se encuentre allí dueño de su tiempo. Como también acercarse a la playa, una cinta de arena de tres kms de largo, y de ancho suficiente para que quepa todo el mundo, incluso con marea alta. Se juega a la pala, naturalmente, se nada, se toma el sol, se juega al voleiplaya, se practica el surf, se corre, se come, y se hace lo que a cada uno le da la gana.

Pero además de la belleza del sitio, está su ubicación. Está a un paso de Llanes, de Comillas, de Santillana, de un montón de calas y ensenadas donde uno puede estar prácticamente solo, y que son mucho más bonitas que las típicas playas del mediterráneo. Un poco más lejos está Santander, Covadonga, Cangas de Onís, Ribadesella, y por supuesto los Picos de Europa.

Subir por el desfiladero de la Hermida- la única forma de llegar, realmente- hasta Potes, es ver la belleza de la montaña de otra manera. Siempre en una carretera estrecha, tallada materialmente en la roca que bordea el arroyo, con el agua al lado y techado de verde. Y desde Potes, otro pueblo de gran belleza, se llega, incluso andando, a Santa María de Piara, A Santo Toribio y sus ermitas satélites, y a toda la Liébana y los montes, a hacer escalada, o senderismo, o turismo artístico, o lo que quiera cada uno. A la gastronomía, si se quiere.

Esto ha sido un recorrido muy rápido por el entorno de San Vicente. Animo al lector a ir a conocerlo por sí mismo. Por cierto, escribo desde una conexión de esos de pirulo que se lleva en el bolsillo y se enchufa y va como el caballo del malo, así que es imposible compartir fotos de todo esto que cuento. Cuanto pueda, lo haré. Mientras tanto, felices vacaciones.