viernes, 25 de junio de 2010

Unas Pocas Observaciones Políticas

Pido perdón a mis lectores fieles (son pocos, pero existen) por el último post. Colgué la versión en inglés, escrita para otro sitio, con la intención de traducirla, y entre el trabajo, que ha sido intenso, y los problemas técnicos (ordenador nuevo, forzosamente) no lo pude hacer. El artículo, para los que no lo han podido entender, hablaba de la muerte de José Saramago, y señalaba que, a pesar de otros méritos que pudiera haber tenido, era comunista, lo cual no tiene perdón ni comprensión.

Ser comunista ya debería ser bastante para condenar a cualquiera pero no, vivimos en un mundo en el que se manifiesta una actitud de comprensión ante los comunistas incondicionales (son gilipollas, tiranos y fachas, pero siguen estando de moda). Hasta tal punto que la vice-presidenta del gobierno asistió al funeral de este comunista, no lo olvidemos; ha dado legitimidad a las creencias de un anti-democrata y defensor de tiranos y despotas. Y a un escritor malo; porque Saramago no es buen escritor. Es aburrido y no tiene nada nuevo que decir.

Por cierto, yo sí soy capaz de distinguir la pólitica del mérito artístico- García Márquez es un genio de los cuentos, sin paliativos, a pesar de ser comunista- pero soy capaz de hacer lo que María Teresa Fernández de la Vega no puede hacer; evaluar la calidad artística al margen de las creencias, y Saramago era mal escritor.Su arte no merece la presencia de una vice-presidenta en su funeral, y sus creencias políticas no merecen más que desprecio.

Y Zapatero se ha permitido el lujo de dejarse recibir por Quaddafi, un tirano, un dictador militar, un asesino. Zapatero, por mal que me cae, y por muy tonto que sea, ha sido elegido como jefe del gobierno por el pueblo español, y ocupa su puesto legitimamente. Tratar de igual al despota libio le disminuye a él y a todos los españoles.

domingo, 20 de junio de 2010

José Saramago RIP

José Saramago has died. He seemed a pleasant enough old bloke, as communists go, but his novels are excruciatingly tedious. If you haven't read them, don't bother. He won a Nobel prize, which should tell you all you need to know. (Although this chap is not like the normal run of Nobel winner, and I was glad to discover him.)

To be honest, I only read two of them before giving up, and I shan't be giving him another chance. His 'Essay on Blindness' is an allegory of something or other that is mildly entertaining in parts, but is mostly dull and ultimately pointless, in that it doesn't seem to say anything. To sum up, the entire population goes blind, one by one. No one knows what to do. Desperate attempts to contain the epidemic lead to isolation, imprisonment, abandonment, violence; law and order break down, basic human instincts, most of them bad, take over. Then everyone starts getting their sight back. One woman never does go blind. I think she's supposed to represent Hope, or something.

A good writer could make an excellent story out of this, but Saramago was not a good writer and he didn't tell stories. The book is a hundred almost identical vignettes of a single image, itself crass and obvious, through which he tries to tell us what is wrong with the modern world (broadly speaking, these are in fact all the things which are good about it, but he was, as I said, a communist).

The Cave is just as tedious. The central image is of a massive shopping centre, so huge it has become central to the life of the whole area. Everyone wants to shop there, because they sell everything you could possibly want at reasonable prices. Everybody wants to work there, because the conditions are good, the contracts long-term and they even have apartments for their staff. All the manufacturers and dealers want to trade with them because they provide a guaranteed market far bigger and more stable than the artesan or small producer could hope to find for himself.

And yet we are clearly meant to think, again across a hundred almost identical scenes, that this is a bad thing and that we should all want to be like the central character, a country potter who can't make a living because he persists in trying to sell to a handful of neighbours things that they don't want. It is better (for you) to starve picturesquely than to make a living (in a way I disapprove of), seems to be the- all too familiar- messaage, and he says it again and again throughout 400 boring pages.

miércoles, 9 de junio de 2010

Suelto por Toledo


Había pensado escribir sobre Toledo, simplemente porque acabo de pasar allí un fin de semana muy agradable, pero no sé que hay mucho que pueda decir que no se sepa ya. Que es una ciudad bella, con calles y plazuelas fascinantes, edificios de gran belleza, cada uno con su lugar importante en la historia; que su río es precioso, desde arriba y desde abajo, y el paseo por sus orillas ofrece una paz al espíritu que merece por sí sola el viaje.

Pero todo esto es bien sabido, así que me limito a poner una serie de fotos, y quien quiera saber un poco más puede leer esto.

martes, 8 de junio de 2010

Esos que chillan por la calle

Hace demasiado tiempo que no dejo pensamientos aquí, y no por falta de cosas por decir. La vida real, aquella maldición de la clase bloguera, ha intervenido en la forma de un exceso de trabajo en los últimos días. No me quejo; con los tiempos que corren, muchos darían su brazo derecho por tener semejante problema.

Muchos tambien darían aunque fuera un par de dedos por tener los problems de los funcionarios, que tienen el puesto garantizado pase lo que pase. No es agradable que te bajen el sueldo, pero no saben ni sabrán lo que es ir al paro, o tener que cerrar su negocio por falta de clientes.

Hoy he visto y oído a los cocos manifestarse- y como se manifiestan- por todo el centro. Están en su derecho de defender sus propios intereses sin pensar en los demás, pero me pregunto que apoyo popular van a tener cuando millones de personas han sufrido mucho más que un recorte de sueldo.

Por casualidad estuve en el Ayuntamiento esta mañana, de papeleo. Atestada la sala, había una señora atendiendo, a su ritmo pero bueno, y cuatro tocándose los huevos: dos de chachara y dos que, por lo visto, sólo podían recoger otros impresos, y no los que llevabamos todos.

Ante semejante ineficacia e inutilidad, cuesta preocuparse porque a esta gente, cuyo puesto, que no debería ni existir, estamos pagando todos en perpetuidad, les hayan quitado un poco de dinero. Y de solidarizarse que se olviden.

Sí lo puedo sentir, hasta cierto punto, por los policías que tienen que lidiar con la gentuza por menos que antes, con los barrenderos que tendrán que limpiar nuestra mierda por un sueldo incluso más miserable que antes. Pero los del papeleo que no me digan nada.

Millones de personas están sin trabajo, y millones más intentan malvivir con ingresos fuertemente reducidos, trabajando mucho más para ganar la mitad, y con la probablidad de quedarse sin nada a corto plazo. Que los funcionarios cobren un poco menos, con el trabajo y la pensión asegurados, no es ni un atropello ni un ataque a los derechos de nadie. Así que se traquen el pito los cocos y sus allegados. Los demas tenemos problemas de verdad.

viernes, 21 de mayo de 2010

Craig Venter Crea Vida. Quizá.

El ADN se compone de cromosomas, y cada uno es una molécula, enorme y tremendamente complicada, pero al fin y al cabo una molécula, un compuesto químico, principalmente una larga cadena de ciertas proteínas y azúcares. ¿En teoría, me he preguntado de vez en cuando, no sería posible sintetizar estas moléculas? ¿Y qué pasaría entonces, con estos compuestos que se auto-reproducen y tienen instrucciones para convertirse a sí mismos en organismos vivos?

El ADN sintético- químicamente idéntico al natural, según hipótesis- ¿actuaría como debe, dividiéndose, replicándose, haciéndose vida? ¿Hasta vida superior, vida inteligente? ¿O le faltaría el fantasma, el homúnculo, el soplo divino, que nosotros no sabríamos darle?

Bueno, resulta que no soy el primero en hacerse estas preguntas. Craig Venter, uno de los pioneros en la secuenciación de genomas completos, no sólo lo ha pensado, sino que lo ha hecho. Ha sintetizado el ADN de una bacteria, lo ha metido en una célula vaciada, y ha visto como se divide y replica. Sin fantasma.

Está a un paso de crear vida en el laboratorio, partiendo de átomos.

Mucha gente va a ponerse a chillar, sin entender nada. Otros, que sí entienden, expondrán los problemas morales que les preocupan. Pero lo que más me interesa a mí es que se ha podido hacer. Y la ignorancia y superstición de unos no impedirán que se siga trabajando para saber dónde están los límites. La curiosidad e inteligencia pueden mucho más, y siempre ha sido así (aunque ha habido muchas víctimas). Hay que ver si se puede sintetizar ADN humano, y qué es lo que pasa. ¿Crearemos una persona, consciente, racional, imperfecta, humana? Lo lógico es que sí.

Habrá que llegar allí para conocer las respuestas. Y un día las conoceremos. Será la leche.

sábado, 15 de mayo de 2010

De La Nieve Soy

Frío claro, seco, con luz blanca, pura, y una capa gruesa de nieve que cubría todo. Así eran los días de su juventud. Los que más añoraba. Los que más le dolían cuando pensaba que no los volvería a ver. En algún lugar del mundo aún había días así. En su tierra, en aquel mismo momento, a lo mejor hacía un día así. Santos hubiera dado la poca vida que le quedaba por estar allí y vivir un día más de aquello. De los días de verdad. Pero le había tocado morir en una playa del Caribe con un calor asfixiante y un sol que quemaba y un cielo azul borroso que le cegaba la vista, y con los pulmones llenos de agua y arena y aire caliente.

“¿Hoy no lo toma con miel, Don Santos?”

“Pues no, Johnny, hoy no tengo ganas de adornos. Que venga solo y fresco.” Resopló de forma dramática, como quien justifica su elección mecánicamente.

“Como Dios lo hizo, Don Santos, y nada más.” El camarero hablaba por hablar. Santos no era un cliente más; habían compartido tanto tiempo y tantas experiencias dulces y amargas que tenía un tono especial para él, pero daba la razón a todos, dijeran lo que dijeran, y tenía el mismo interés en lo que tomaba Santos como éste había puesto en elegirlo. Los dos cumplían normas, hacían su papel.

Johnny llamaba de Don a todos los habituales de cierta edad. Cuanto mejor los conocía cuanto más formal el trato. Así se evitaban las confianzas y se cobraba mejor. Sólo dejaba a cuenta a los que siempre pagaban, y sólo invitaba cuando sabía que el cliente se iba a marchar irremediablemente. Era el mejor amigo de todos.

“Hace mucho calor, Johnny. Pronto tendré que irme a casa. no lo soporto.”

“¿No se baña, Don Santos? Doña Ana le llevaba al agua cuando se le ponía la cara así, y hacía muy bien. Por eso la tenemos aquí tan cerca.” Johnny siempre tenía vasos que limpiar, por muy vacío que estuviese el chiringuito, quizá por la forma tan lenta e intensa que tenía de pasar el trapo, y así no tuvo que mirarle a la cara a nadie salvo para recordar las deudas.

“No me gusta bañarme, Johnny. Nunca me ha gustado, lo hacía por ella.”

“Y le sentaba bien, Don Santos, no me diga que no.”

“Pero ya no es lo mismo, Johnny. ¿Para qué me quiero sentir bien?”

“Para no sentirse mal, tal vez. Mucha gente lo hace.”

Hacía treinta años que había conocido a Ana y se había enamorado. Locamente. Ella había insistido en que dejara de trabajar. Le importó poco a Santos. Tenía poca ambición. Pero Ana había querido ir a una playa caribeña, y vivir un verano interminable. Había perdido a sus padres y encontrado al amor de su vida, y tenía medios para realizar su sueño. Santos no tenía familia pero la idea de canjear Helsinki, a donde había llegado en su búsqueda del invierno perfecto, y donde estaba Ana de paso cuando se conocieron, por el calor eterno de este lugar tropical le repugnaba.

Aceptó, por amor, y a pesar de lo que sufrió no se arrepintió de hacerla feliz. Una vez al año, en enero o febrero, pasaban quince días en Canada o el norte de Europa, y una vez en los montes del Tíbet y Santos revivía mientras su mujer tiritaba, pero siempre volvieron a su casa de la playa, y a Santos no le importaba.

Pero hacía diez años que la salud de Ana no les dejaba viajar más que unos kilómetros hacia el interior hasta que la humedad y los mosquitos les paraban, y hacía cinco que Ana había fallecido, dejándole a su marido sólo en el mundo, con medios para ir a donde quisiera y un cuerpo desgastado que no se lo permitía.

“Hay amores que matan, Johnny, sabes que lo dicen en mi tierra. El sol la secó y el agua la mató. Con lo que amaba ambas cosas.”

“Perdone que lo diga, Don Santos, pero el agua le ahorró mucho sufrimiento. Hay que tenerlo en cuenta. Fue una bendición.” El camarero estaba restregando la otra punta de la barra, mirando el horizonte, y sus últimas palabras casi se las lleva la brisa.

“¿Lo comprendes, verdad, Johnny? Muchos no lo harían. Murió arropada por lo que más quería. Y no se enteró. Prometo que no. Mejor así, ¿verdad? Mejor así que tenerla y verla quedarse poco a poco en nada. Prefiero que fuera así.”

“Hace Vd. muy bien, Don Santos. No lo dude.”

“Pero no puedo volver al agua. Me hace pensar muchas cosas. Además, ya es tarde para que me socorra el agua. Me va a tocar esperar. Lo que Dios quiera.” También dirigió la vista hacia el mar, mirando sin ver.

“¿A qué estamos, Johnny? ¿Al 31?. Mañana, en alguna parte, comienza otro año. Aquí no. Aquí ya no cambia nada, ¿verdad?, Johnny. ¿Sabes que en mi tierra ahora está nevando, y sopla un viento del norte que te corta la cara? Qué tiempos.”

“Y ¿cuál es su tierra, Don Santos?”

“Soy del hielo, Johnny, de la nieve y el frío. Me crié entre peñas blancas y cielos tordos. El sol era una cosa que creábamos con el alma, y era más bonito que éste. El de aquí no se puede ni mirar. ¿Quién sabe si es bello o no? Sólo aflige.”

“A mucha gente le gusta, Don Santos. ¿Se ha fijado Vd?”

“Mucha gente sólo sabe sufrir, Johnny. Sólo sabe morir. Yo he sabido vivir, no lo olvides. Pero ahora soy viejo, Johnny. Viejo y débil, y no tiene remedio ya.”

“Todo esto, Don Santos, todo aquello, ¿ha merecido la pena?”

“Creo que sí, Johnny. Me gustaría creer que sí.”

viernes, 7 de mayo de 2010

De la Mierda

Un amigo me indica que Juan Caballero ha promulgado una ordenanza contra el ensuciamiento de los parques y aceras por parte de los dueños de perros. En principio estoy de acuerdo en que se debería exigir un mínimo de civismo a estas personas, lo mismo que a cualquiera.

Sin embargo, el método ideado por el concejal está copiado directamente de una mala novela de la guerra fria. Pretende- parece que ya lo ha comenzado a hacer- poner en acción a un grupo de 'inspectores', espías, de paisano, pagados por todos nosotros y con la función de informar, con detallada descripción, y porlo visto anónimamente, de los dueños que no recogen las cagadas de sus animales, para que- se supone- la policía local pueda actuar.

Si alguien lo niega a posteriori es difícil qué puede hacer el Ayuntamiento para defender la sanción que pretende imponer, pero además de esta dificultad práctica hay un problema moral mucho más importante: si queremos civismo tenemos que fomentar el civismo directamente, dando la cara, desnormalizando el abandono de mierda en la vía pública. Esto es lo que hace mi amigo, y encuentra respuestas muy variadas. Si no nos atrevemos a encrepar a los que ensucian la calle no nos merecemos calles limpias, y permitir al Ayuntamiento la creación de una red de informadores secretos es limitar nuestra propia libertad de una forma cobarde y absurda.

Si a èste le parece una solución digna de un estado libre, me alegro mucho de que no sea más que un concejal de pueblo. Si llega a tener poder de verdad estamos jodidos.