viernes, 21 de mayo de 2010

Craig Venter Crea Vida. Quizá.

El ADN se compone de cromosomas, y cada uno es una molécula, enorme y tremendamente complicada, pero al fin y al cabo una molécula, un compuesto químico, principalmente una larga cadena de ciertas proteínas y azúcares. ¿En teoría, me he preguntado de vez en cuando, no sería posible sintetizar estas moléculas? ¿Y qué pasaría entonces, con estos compuestos que se auto-reproducen y tienen instrucciones para convertirse a sí mismos en organismos vivos?

El ADN sintético- químicamente idéntico al natural, según hipótesis- ¿actuaría como debe, dividiéndose, replicándose, haciéndose vida? ¿Hasta vida superior, vida inteligente? ¿O le faltaría el fantasma, el homúnculo, el soplo divino, que nosotros no sabríamos darle?

Bueno, resulta que no soy el primero en hacerse estas preguntas. Craig Venter, uno de los pioneros en la secuenciación de genomas completos, no sólo lo ha pensado, sino que lo ha hecho. Ha sintetizado el ADN de una bacteria, lo ha metido en una célula vaciada, y ha visto como se divide y replica. Sin fantasma.

Está a un paso de crear vida en el laboratorio, partiendo de átomos.

Mucha gente va a ponerse a chillar, sin entender nada. Otros, que sí entienden, expondrán los problemas morales que les preocupan. Pero lo que más me interesa a mí es que se ha podido hacer. Y la ignorancia y superstición de unos no impedirán que se siga trabajando para saber dónde están los límites. La curiosidad e inteligencia pueden mucho más, y siempre ha sido así (aunque ha habido muchas víctimas). Hay que ver si se puede sintetizar ADN humano, y qué es lo que pasa. ¿Crearemos una persona, consciente, racional, imperfecta, humana? Lo lógico es que sí.

Habrá que llegar allí para conocer las respuestas. Y un día las conoceremos. Será la leche.

sábado, 15 de mayo de 2010

De La Nieve Soy

Frío claro, seco, con luz blanca, pura, y una capa gruesa de nieve que cubría todo. Así eran los días de su juventud. Los que más añoraba. Los que más le dolían cuando pensaba que no los volvería a ver. En algún lugar del mundo aún había días así. En su tierra, en aquel mismo momento, a lo mejor hacía un día así. Santos hubiera dado la poca vida que le quedaba por estar allí y vivir un día más de aquello. De los días de verdad. Pero le había tocado morir en una playa del Caribe con un calor asfixiante y un sol que quemaba y un cielo azul borroso que le cegaba la vista, y con los pulmones llenos de agua y arena y aire caliente.

“¿Hoy no lo toma con miel, Don Santos?”

“Pues no, Johnny, hoy no tengo ganas de adornos. Que venga solo y fresco.” Resopló de forma dramática, como quien justifica su elección mecánicamente.

“Como Dios lo hizo, Don Santos, y nada más.” El camarero hablaba por hablar. Santos no era un cliente más; habían compartido tanto tiempo y tantas experiencias dulces y amargas que tenía un tono especial para él, pero daba la razón a todos, dijeran lo que dijeran, y tenía el mismo interés en lo que tomaba Santos como éste había puesto en elegirlo. Los dos cumplían normas, hacían su papel.

Johnny llamaba de Don a todos los habituales de cierta edad. Cuanto mejor los conocía cuanto más formal el trato. Así se evitaban las confianzas y se cobraba mejor. Sólo dejaba a cuenta a los que siempre pagaban, y sólo invitaba cuando sabía que el cliente se iba a marchar irremediablemente. Era el mejor amigo de todos.

“Hace mucho calor, Johnny. Pronto tendré que irme a casa. no lo soporto.”

“¿No se baña, Don Santos? Doña Ana le llevaba al agua cuando se le ponía la cara así, y hacía muy bien. Por eso la tenemos aquí tan cerca.” Johnny siempre tenía vasos que limpiar, por muy vacío que estuviese el chiringuito, quizá por la forma tan lenta e intensa que tenía de pasar el trapo, y así no tuvo que mirarle a la cara a nadie salvo para recordar las deudas.

“No me gusta bañarme, Johnny. Nunca me ha gustado, lo hacía por ella.”

“Y le sentaba bien, Don Santos, no me diga que no.”

“Pero ya no es lo mismo, Johnny. ¿Para qué me quiero sentir bien?”

“Para no sentirse mal, tal vez. Mucha gente lo hace.”

Hacía treinta años que había conocido a Ana y se había enamorado. Locamente. Ella había insistido en que dejara de trabajar. Le importó poco a Santos. Tenía poca ambición. Pero Ana había querido ir a una playa caribeña, y vivir un verano interminable. Había perdido a sus padres y encontrado al amor de su vida, y tenía medios para realizar su sueño. Santos no tenía familia pero la idea de canjear Helsinki, a donde había llegado en su búsqueda del invierno perfecto, y donde estaba Ana de paso cuando se conocieron, por el calor eterno de este lugar tropical le repugnaba.

Aceptó, por amor, y a pesar de lo que sufrió no se arrepintió de hacerla feliz. Una vez al año, en enero o febrero, pasaban quince días en Canada o el norte de Europa, y una vez en los montes del Tíbet y Santos revivía mientras su mujer tiritaba, pero siempre volvieron a su casa de la playa, y a Santos no le importaba.

Pero hacía diez años que la salud de Ana no les dejaba viajar más que unos kilómetros hacia el interior hasta que la humedad y los mosquitos les paraban, y hacía cinco que Ana había fallecido, dejándole a su marido sólo en el mundo, con medios para ir a donde quisiera y un cuerpo desgastado que no se lo permitía.

“Hay amores que matan, Johnny, sabes que lo dicen en mi tierra. El sol la secó y el agua la mató. Con lo que amaba ambas cosas.”

“Perdone que lo diga, Don Santos, pero el agua le ahorró mucho sufrimiento. Hay que tenerlo en cuenta. Fue una bendición.” El camarero estaba restregando la otra punta de la barra, mirando el horizonte, y sus últimas palabras casi se las lleva la brisa.

“¿Lo comprendes, verdad, Johnny? Muchos no lo harían. Murió arropada por lo que más quería. Y no se enteró. Prometo que no. Mejor así, ¿verdad? Mejor así que tenerla y verla quedarse poco a poco en nada. Prefiero que fuera así.”

“Hace Vd. muy bien, Don Santos. No lo dude.”

“Pero no puedo volver al agua. Me hace pensar muchas cosas. Además, ya es tarde para que me socorra el agua. Me va a tocar esperar. Lo que Dios quiera.” También dirigió la vista hacia el mar, mirando sin ver.

“¿A qué estamos, Johnny? ¿Al 31?. Mañana, en alguna parte, comienza otro año. Aquí no. Aquí ya no cambia nada, ¿verdad?, Johnny. ¿Sabes que en mi tierra ahora está nevando, y sopla un viento del norte que te corta la cara? Qué tiempos.”

“Y ¿cuál es su tierra, Don Santos?”

“Soy del hielo, Johnny, de la nieve y el frío. Me crié entre peñas blancas y cielos tordos. El sol era una cosa que creábamos con el alma, y era más bonito que éste. El de aquí no se puede ni mirar. ¿Quién sabe si es bello o no? Sólo aflige.”

“A mucha gente le gusta, Don Santos. ¿Se ha fijado Vd?”

“Mucha gente sólo sabe sufrir, Johnny. Sólo sabe morir. Yo he sabido vivir, no lo olvides. Pero ahora soy viejo, Johnny. Viejo y débil, y no tiene remedio ya.”

“Todo esto, Don Santos, todo aquello, ¿ha merecido la pena?”

“Creo que sí, Johnny. Me gustaría creer que sí.”

viernes, 7 de mayo de 2010

De la Mierda

Un amigo me indica que Juan Caballero ha promulgado una ordenanza contra el ensuciamiento de los parques y aceras por parte de los dueños de perros. En principio estoy de acuerdo en que se debería exigir un mínimo de civismo a estas personas, lo mismo que a cualquiera.

Sin embargo, el método ideado por el concejal está copiado directamente de una mala novela de la guerra fria. Pretende- parece que ya lo ha comenzado a hacer- poner en acción a un grupo de 'inspectores', espías, de paisano, pagados por todos nosotros y con la función de informar, con detallada descripción, y porlo visto anónimamente, de los dueños que no recogen las cagadas de sus animales, para que- se supone- la policía local pueda actuar.

Si alguien lo niega a posteriori es difícil qué puede hacer el Ayuntamiento para defender la sanción que pretende imponer, pero además de esta dificultad práctica hay un problema moral mucho más importante: si queremos civismo tenemos que fomentar el civismo directamente, dando la cara, desnormalizando el abandono de mierda en la vía pública. Esto es lo que hace mi amigo, y encuentra respuestas muy variadas. Si no nos atrevemos a encrepar a los que ensucian la calle no nos merecemos calles limpias, y permitir al Ayuntamiento la creación de una red de informadores secretos es limitar nuestra propia libertad de una forma cobarde y absurda.

Si a èste le parece una solución digna de un estado libre, me alegro mucho de que no sea más que un concejal de pueblo. Si llega a tener poder de verdad estamos jodidos.

martes, 4 de mayo de 2010

La Voz Pasiva

Hoy se celebran elecciones en el Reino Unido. El resultado no está muy claro, y a lo mejor no lo está hasta pasados unos días, ya que, por primera vez en décadas, el partido con más escaños puede no tener mayoría absoluta. Esta es una situación muy poco habitual en mi tierra, y la historia sugiere que, aunque dos partidos lleguen a un acuerdo, aceptable al Parliamento, será inestable y habrá otra elección en un año aproximadamente.

Si se cumplen las encuestas- y todo hay que verlo, porque el voto popular general no se traduce en una distribución uniforme de votos, ya que, por ejemplo, en los escaños más reñidos la participación suele ser más alta, y los escaños tradicionalmente laboristas están, de forma desproporcionada, dentro de las grandes ciudades, y tienen menos votantes, así que los votos necesarios para elegir a un laborista son menos que los que necesita un conservador- todos buscarán formar alianza.

No seamos ingenuos; ya lo han hecho, pero los pactos de los líderes se activarán según el resultado final, según necesitan más o menos apoyo para llegar a la mayoría absoluta, y también los jefes de los partidos tendrán que convencer a sus diputados en número suficiente, coda nada fácil. Una cosa es que los jefes vendan nuestros votos pactando entre sí, y otra que convenzan a los que les pisan los talones para que hagan lo mismo.

Gordon Brown es un personaje lamentable, un completo inútil, un fracasado que llegó a ser primer ministro por otro pacto de esos sin que el pueblo pudiera pronunciarse, y que está, además, al borde de la locura. No sirve para ser líder de nada, nadie le seguiría a ninguna parte ni se dejaría convencer por ninguna idea u opinión que expresase.

Nick Clegg no ganará, por los Liberales nunca ganan, y hacerse LIbDem es decir al mundo que no quieres ganar.

David Cameron es joven, enérgico, y producto de un equipo de marketing. Si tiene ideas, si está dispuesto a hacer lo que hay que hacer, se guardo mucho de decirlo en público. Los sondeos dicen que ganará pero sin mayoría absoluta. Mal asunto. No nos gusta. Sin embargo, los mercados financieros apuesta por la victoria conservadora, formando gobierno en solitario. No se suelen equivocar, así que veremos, veremos.

Hoy mis compatriotas deciden a quién le dan permiso para robarles su dinero y decirles, bajo amenaza, lo que pueden y no pueden hacer. La política es un asco. Estaríamos nucho mejor si nos dejasen en paz, pero mientras tanta gente tiene sed de poder y dinero ajeno, podemos darnos por contentos que hayamos encontrado una forma de controlarles. Les podemos echar (los de Londres, por lo menos; lo de Bruselas es otro cantar), y eso es un lujo que muchas personas en el mundo no tienen.

Así que celebro la democracia, un sistema que, cuando funciona, controla bastante bien los impulsos rapinos de los que nos quieren mandar.

viernes, 30 de abril de 2010

En España Se Construye Poco

Oigo a mucha gente afirmar, como si fuese una verdad indiscutible, que una de las causas importantes de la crisis es que se han construido demasiadas casas. Dudo que los políticos que se han encargado de gastar nuestro dinero a punta pala con el fin de paliar dicha crisis (y así nos va) entiendan ni esta ni otras de las causas, y es casi imposible que la persona media las comprenda. Sin embargo, conviene señalar la falacia que hay en este argumento en concreto.

Lejos de haberse construido demasiadas casas, la verdad es que se han construido pocas. La gente ve casas sin terminar y casas sin vender y cree que un exceso de construcción ha contribuido a la crisis. En absoluto; la crisis ha terminado con la alegría en la industría de la construcción.

La demanda sigue allí, sin ninguna duda. España está llena de gente que desear comprarse una casa; jovenes parejas que se quieren casar, inmigrantes hartos de vivir con otros 15, parados que quieren cambiar de localidad en busca de trabajo, familias que crecen y necesitan más espacio, divorciados que tienen que encontrar el piso de él y de ella. La demanda está allí, como siepre ha estado.

¿Qué es lo que ha pasado, entonces? ¿por qué los que quieren comprarse una vivienda no lo hacen? Evidentemente por dinero. Y ¿qué es lo que impide que todos esos constructores y agentes inmobiliarios que tienen propiedades hasta en la sope y viven de venderlas, no se pueden poner de acuerdo con todas esa personas cuya gran ilusión es tener dónde caerse rendidas al terminar la jornada? No parece tan difícil, pero de repente ha dejado de ocurrir.

Hay dos motivos principales. El precio de la vivienda es muy alto. Se mantiene alto porque el gobierno central y los ayuntamientos ponen límites muy severos a lo que se puede construir, por razones que pueden a veces ser buenas y a veces malas, pero el hecho es que no dejan producir lo suficiente como para aproximar a satisfacerse la demanda. (Un problema menor, relacionado con esto, es que también cobran muy alto los permisos que sí dan, y las ventas que se realizan. Es habitual a todos los niveles de gobierno creer que su función principal es cobrarnos por hacer las cosas más normales y hasta necesarias; por construir, por comerciar, por consumir etc.)

Si fuera más fácil construir, todos tendríamos casas, y mucho más baratas. Faltan casas. Se ha construido poco.

A pesar de la oferta sin consumir, hay mucha demanda sin satisfacer. Los bancos y cajas proporcionaban préstamos a un número suficiente de los deseosos de comprar, haciendo el negocio rentable a pesar de los esfuerzos de los gobernantes. Sin embargo, llegó un momento en que los bancos no se fiaban de recuperar su dinero, y los compradores no se fiaban de poder mantenerse aflote. El resultado es que, o vendes tu casa a precio de ruina, o no la vendes. Si fuera más fácil y más barato construir, lo sería comprar, y esto no sucedería.

El problema no es que se han hecho muchas casas. Uno de los problemas en este país es que se han hecho pocas, y no es por las constructoras, sino por los políticos.

miércoles, 21 de abril de 2010

De Vías Verdes y Vías Viejas

La vía verde es el pulmón de la ciudad. Y mucho más. Con tanto movimiento de personas por el mundo en los últimos años, hay quien se preocupa por la integración. Aquí, estoy convencido, la integración pasa por la vía verde.

Es una curiosidad, esta vía verde nuestra. La vía del tren era de todos, ya que Renfe es empresa pública, pero no es normal que un bien- sea terreno, edificios, empresas, dinero o poder- sea devuelto a sus verdaderos dueños cuando los que se creen que es suyo hayan terminado de usarlo. Pero esto es lo que ha pasado con el comienzo de la vieja vía de Puertollano, fue puesta a disposición de sus dueños, o por lo menos, de aquellos que viven cerca y disfrutan de un paseo por el campo.

Y son muchos. Cualquier mañana te cruzas con gente, y en un domingo que haga bueno aquello se convierte en la M30 en hora punta. Si das una vuelta por la Plaza Mayor a la hora de las cañas en fin de semana podrás saludar a la mitad de tus amigos y conocidos. Para ver la otra mitad, vete a hacer footing por la vía verde. Es un club social, un punto de encuentro alargado y fluido. Un Facebook para los que prefieren el sol a la informática.

Y allí está todo el mundo, pero lo que es todo el mundo. Viejetes entrajetados se compran zapatillas y dan pasos tambaleantes con ayuda de un bastan porque el médico ha dicho que así bajan el azúcar. Señoras muy señoras entradas en años se compran un chándal de color y se dejan ver por allí porque con la crisis no tienen para pasar la mañana en la pelu y además así lucen el MP3 que les han regalado.

Sudamericanas preocupadas por el ancho de sus caderas, musulmanas gordas con velo que quieren bajar la tensión sanguínea, chinos jóvenes andando rápido, charlando de manera animada entre sí, rusos y rumanos practicando un footing bastante serio mientras hablan de cualquier cosa que se les ocurra. Grupos inverosímiles de jóvenes que salen juntos, cuando es obvio que la mayoría no ha corrido en su vida. Parejas en las que la chica ha convencido al chico para que le acompañe, para evitar el aburrimiento o para que se cuide un poco, o el chico ha animado a la chica y ahora se arrepiente viendo como arrastra los pies y no le deja coger ritmo. Parejas de mujeres de cierta edad en animado e interminable cotilleo, siseando con cabezas inclinadas hacia sí detalles de la vida de una lista aparentemente inagotable de familiares, conocidos y personajillos de televisión. Gran seriedad en su andar y en su hablar.

Los hay que son todo codos, o todo rodillas, o todo tobillos, los que echan los pies hacia los lados de forma irregular y peligrosa, los que lanzan esputo con cada paso que dan, los que se ponen rojos como tomates en cuanto empiezan a correr, sus camisetas chorreando sudor que comparten generosamente con todo el que pasa a su lado.

Dicen que correr despeja la mente porque es imposible preocuparse por nada mientras corres, y ves las cosas con claridad y ecuanimidad. Esto no es del todo cierto, dado que la preocupación principal que tiene el corredor es cuándo le va a dar el infarto. Pero aparte de esto, se puede buscar un estado zen en el constante batir de los pies en el suelo, y el rugido de la sangre en los oídos.

No faltan caminos por aquí. El caminante puede ir casi a cualquier parte, cualquier pueblo, pedanía, cortijo, monumento, río, cerro o valle por caminos, sin pisar el asfalto. La red de sendas que ha existido desde siempre ha sido en gran parte expropiado por el gobierno y engullido por el automóvil, pero queda lo suficiente para que el paseante disfrute del paisaje. Ni siquiera es la vía verde la única antigua vía de tren por aquí que sigue siendo camino público. En 1931 desviaron la vía vieja para que pasara al este de la ciudad en vez de al oeste. Entraba por lo que ahora es el parque de Gasset, (la vieja estación sigue allí. Iban a hacer un museo del ferrocarril en la provincia, pero alguien cambió de idea. La usan los jardineros para guardar sus herramientas. Una pena. Y han hecho un museo del Quijote, una solemne estupidez, pero por lo visto atrae a los turistas. Serán los viejetes que llevan por allí en autobús y pastorean como ganado. No creo que vean nada ni les importa, pero mientras pagan…) seguía la Ronda, y salía por el cementerio. A partir de allí, y hasta la Atalaya, donde comenzó el desvío, sigue siendo un camino, y hay todavía un par de edificios, ahora casas, que eran almacenes de la Renfe en aquellos tiempos.

A partir de la Atalaya, hasta más allá del río, se puede ver los terraplenes que llevaban la vía anterior a la del Ave, en algunos puntos donde se separa de ésta, pero la construcción del campo de golf ya dificulta el acceso, y va destruyendo lo restante.

Pero donde se ve a todo el mundo es en la vía verde. Entre las muchas categorías y tipos de viaverdista hay varias maneras de dividirlos a grandes rasgos en dos clases principales: se puede contratar los que andan con los que corren; los que están en forma, o aspiran a ello, con los que sólo pretenden no engordar más o no morirse pronto; los que van solos y a su aire, con los cascos puestos y la vista fija en el horizonte, de los que lo conciben como acto social, a realizarse forzosamente en grupo; a los que motivan y se motivan de los que reciben motivación, a veces a pesar suyo; y, y es una distinción importante, los que llegan hasta el puente con los que van más allá. Más allá del puente es otro mundo, con otra gente, otra fauna.

Hasta el puente sólo se ve el puente. No sólo sirve como meta al víaverdista de esta clase, también es un límite, un gran cierre que cruza el horizonte cada vez menos lejano y limita el camino, el mundo y la imaginación del caminante. Llegado al límite, se para. ¿Cómo no, si es el fin?

Pero el que es capaz de concebir algo más allá de los límites sigue andando o corriendo, pasa debajo del puente, rompe el muro, y de repente no tiene límites, el mundo se abre ante él cual alfombra de esas que tiras de un lado del rollo y se van al quinto pino cubriendo el suelo para que ande alguna actriz o politicucho sin riesgo de que se le confunda con una persona cualquiera.

En fin, que más allá del puente se puede andar o correr sin metas, sin límites, se puede inventar otras formas de ver el mundo y de hacer ejercicio, se puede llegar al río, al aeropuerto, a varios pueblos, a algún cerro, y divagar por kilómetros y kilómetros de caminos, de cultivos, de terrenos, de tierras, de vistas y cortijos. De posibilidades, es decir, hasta que el cuerpo y la mente no puedan más.

viernes, 16 de abril de 2010

La Prensa no nos Defiende

Ayer tuve la desgracia de ver unos minutos de noticias en la televisión. Suelo evitar el contacto con estas cosas- la vida es muy corta- y no recuerdo que canal era, pero la 'noticia'- que, por supuesto, no era tal, sino una anécdota, un cotilleo- se contó desde un punto de vista trisemente autoritaria. Resultó difícil saber si esto reflejaba la fuente, que sería la policía, me imagino, pero la impresión es que el medio tenía ganas de mandar a la cárcel a un joven que no había hecho nada criminal, simplemente por no vivir conforme a su ortodóxia irreflexiva.

Si los periodistas salieran un poco más de su burbuja, si dejasen de opinar a gritos sobre todo y se dedicaran a escuchar un poco, informarse un poco, descubrirían- y los políticos con ellos- que mucha gente, una gran mayoría, seguramente, no sólo no comparte el patrón de ortodóxia de vida y pensamiento que nos quieren imponer, sino que lo desconocen y carecen de todo interés en él. La gran mayoría de la gente vive y piensa y habla y actúa como les da la gana, sin referencia a lo que la élite periodística dice sobre cómo deberían pensar y vivir.

Personalmente veo muy poco la televisión y no suelo leer los periódicos. Me informo de lo que me interesa mediante fuentes primarias o agencias fiables. No me ineresa en absoluto el famoseo, el cotilleo, la retahila de anécdotas derivadas y estupideces generales que nos quieren vender como noticias. Si quiero saber algo, quiero información fidedigna sobre los hechos puntuales y analísis e interpretación por parte de personas que sepan de qué hablan. Las opiniones condicionadas y dogmaticas de un ignorante no son noticia, por mucho que se llame periodista.

La historia que contaron en la tele iba de uno de León (creo) que tenía varias armas y se grababa disparándolas y colgaba los videos en youtube. Sus vecinos decían que era un chico majo, aunque alguno sí dijo tener problemas con él, las armas tenían licencia y disparaba en un lugar y en circunstancias dónde estaba permitido. Se entendía que no tenía antecedentes ni denuncias pero la policía (parece) y la prensa (explícitamente) ha decidido que hay que encontrar una excusa para procesarle. ¿Será que les cae mal? ¿Será porque vive a su manera, como quiere, sin pedirles permiso por no ser como ellos?

Sea como fuere, se la va a procesar, dicen, por tener imagenes de esvásticas en su casa. Esto, por lo visto, es un delito, es apología de grupos totalitarios o alguna cosa así. Tenían que encontrar algun delito, y como no ha hecho nada, han tenido que inventarse uno.

Asómbrense. No por agredir o amenazar a nadie, no por pertencer a o dirigir un grupo violento, no por alentar a otros a atacar a negros, judíos o socios del Ponferradiña, sino por tener imagenes en su casa.

No siento nostalgia por la iconografía Nazi, pero prohibir la posesión de representaciones de estos símbolos, si esto es lo que se ha hecho, es tremendamente iliberal. Al contrario de mucha gente, tampoco siento nostalgia por la iconografía comunista, y no quiero que se prohíban. Tengo que ver banderas pre-democráticas, la hoz y martillo, y la foto de ese asesino y malnacido Ernesto Guevara en todas partes, y nadie, yo tampoco, pretende que se repriman. Cada vez que veo una imagen de este tipo me recuerdo lo que representa- una abominación que, tristemente, sigue perteneciendo al presente de nuestro mundo; por lo menos el nazismo parece ser cosa del pasado- y tambien me recuerda que tenemos la inmensa suerte de vivir en un país libre donde cada uno puede expresarse y abrir un debate.

¿De verdad es ilegal tener una esvástica en casa? Me cuesta creerlo, pero, si es así, tendré que comprar una.